Buscador

Nicolás Navarro, un patinador que deja el nombre de Casanare en alto

nov 23, 2019

Cartagena, 23 de noviembre de 2019. Apoyando los brazos sobre un barandal, con una ilusión extraña que lo empujaba desde lo más profundo, mientras seguía de cerca el rodar incansable sobre unos patines de su hermana Laura Daniela Navarro y el de su primo Felipe Gómez, Nicolás Navarro empezó a probar las primeras mieles del que se convertiría en su deporte predilecto: el patinaje.

Hasta ese momento era conocido en el barrio San Jorge II de Yopal, Casanare, como un niño hiperactivo, quien todas las tardes se encontraba con su grupo de amigos para jugar. Escondite, yermis, lleva... esos tradicionales, que se han perdido con el paso del tiempo, fueron los practicaba. El resto del tiempo, lo dedicaba a ver televisión y a estudiar. 

Su semana se traducía entre el colegio Luis Hernández Vargas hasta su casa y viceversa. No hacía más. Sin embargo, esa tarde en la que se encontraba con su hermana y su primo el gusto por el patinaje empezó a crecer como lo hacen todas aquellas ilusiones que se alimentan constantemente, hasta que se convirtió en amor y eso lo tradujo en disciplina, empeño, sueños.

Cuando se interesó, entrenó con su primo y su hermana a reaccionar al pito. Eso le dio un avance importante una vez se inscribió a la escuela Patiyopal, porque era el que mejor arrancaba de los niños de su edad. Tan solo tenía ocho años, así que la exigencia no era alta, pero siempre que existía la oportunidad de entrenar Nicolás Navarro lo hacía con ahínco.  

Fue hasta los 13 años, cuando los entrenamientos se volvieron más intensos, cuando el par de horas se convirtieron en cinco. Cuando el colegio pasó a un segundo plano. Todo se centró en el patinaje, que se había convertido en su amor, su razón de ser. Sin embargo, sus papás, José Navarro y Neidi Fuentes, siempre con la mentalidad de que creciera tanto deportiva como intelectualmente, le hacían tomar el estudio en serio.

Así empezó a representar a su colegio en este deporte, también a su departamento. Con el paso del tiempo se convirtió en un patinador que se llevaba todas las miradas en Casanare. Intercolegiados, nacionales... participó en todos los campeonatos en los que clasificara. Dejando siempre ese color rojo de la bandera de su tierra en alto. Al comienzo fue difícil, porque aprendió a coger las curvas, cruzar, agacharse, empujones... todo lo necesario para siempre mantenerse bien ubicado. 

A eso se le sumaba su velocidad, esa que siempre lo caracterizó, que le dio sus primeras medallas. Así su figura abrió ojos y se fue especializando en los 100 metros, y mejorando con el paso del tiempo en los 200. Eso hizo que la selección lo preseleccionara y le diera la oportunidad de representar al país a nivel internacional. Lo hizo en Barcelona, en los World Roller Games. 

Su llamado llegó después de sufrir un cuadro de alegría, que lo tuvo hospitalizado por un mes. En el que no podía entrenar, ni mantener una buena forma física. "Por fortuna en los eventos anteriores había alcanzado puntos suficientes para llegar a los Juegos Nacionales y volví a correr un campeonato final, en el que logré dos medallas de oro, me escalafoné bien y a la hora del selectivo fue un trabajo constante: entrega, dedicación. Corrí los 200 metros, me fue bien. Quedé cuarto. Perdí con Salomón Carballo. Al otro día venía mi especialidad que eran los 100 metros y gané".

Se ganó su puesto en la selección y tuvo su primera experiencia internacional, en Barcelona. Le dejó grandes anécdotas y enseñanzas. La resiliencia, esa capacidad de siempre superarse hizo que el 2019 fuera un año de RETOS logrados: representó al país, se clasificó a Juegos Nacionales y además, logró finalizar sus estudios. Su figura deja claro que Colombia es una tierra de atletas.       

 

PRENSA MINDEPORTE

Desarrollado por